Entre los muchos atajos que los taxistas se ven obligados a tomar en la caótica Bogotá de hoy, me topé en el centro de la ciudad con una fila de personas encorbatádas a la entrada de un restaurante paisa llamado El Envigadeño; pero lo extraño era estaban sonriendo y departiendo cervezas compradas en el local de en frente, mientras hacían fila bajo la lluvia. Si. Bajo la lluvia, en corbata y haciendo fila a medio día para entrar en un pequeño restaurante; que en lo que alcancé a ver desde el taxi, mas parece una chiba que un restaurante temático, con adornos colgando del techo y pegados en las paredes.
Al otro día (sábado) y con mejor clima la fila era mayor. Por lo visto eso de comprar cerveza en frente es una tradición entre los clientes, así que me uno al ritual con una Duff (no sabía que existía). Tras una Duff y una Miller, la urgencia de entrar va más allá del hambre, necesito el baño y… más le vale que la comida sea muy buena.
Por fin entro y me recibe una mujer con delantal blanco, sombrero y una sonrisa que solo puedo describir como: No corporativa. Tras visitar un pequeño baño en la parte de atrás del restaurante le digo a la mesera que es la primera vez que vengo, a lo que ella me responde que la especialidad es bandeja paisa y mondongo; como un reflejo pido bandeja paisa y por sugerencia de la mesera y primera vez en mi vida una cerveza par la sobremesa.
Un par de arepitas paisas con ahogao que todos sabemos no duraran ni un brinco arriban a la mesa junto con los cubierto y en menos de tres minutos una tabla de madera llena de colores y texturas esta humeando frente a mí; y pienso, “si sabe la mitad de lo que huele estoy hecho”. En instantes entro en un frenesí alimenticio en el que no se qué comer primero, todo está delicioso, por separado y mesclado en cualquier combinación. Ahora entiendo para qué es la cerveza, te ayuda a pensar, esto requiere una estrategia.
Frijoles, chicharrón, huevo frito (blandito), rellena, chorizo, arroz, carne molida, una tajada de maduro y en salada de aguacate, todo perfecto, En serio, no es el hambre, no es el frio, en verdad una foto de este plato debería estar en el Larousse, una copia en cera debe estar en el museo smithsoniano; ¡es más!, el gobierno colombiano debería proveer estas cosas.
A la hora de pagar la cuenta uno recuerda porque este plato es relacionado con la elite de la sociedad. Diecisiete mil pesos por un plato sin sobremesa hoy por hoy no los paga cualquiera; además, si uno come muy a menudo esto puede sufrir serios problemas coronarios. Sin embargo, este plato vale cada centavo y hasta dejé propina.
A diferencia de la langosta al borde de la playa del rodadero en Santa Marta, que puede resumir su “magia tropical” en la paprika que usan para sazonar el termidor. El envigadeño debe agradecer su lleno permanente a muchos factores; un chicharrón seco y crocante tan bueno que hasta da cargo de conciencia, carne molida sin grumos, arroz blanco en su punto, utilizan ensalada de aguacate y no aguacate entero, el huevo está en el punto que te gusta o te lo cambian, la cerveza está en verdad fría y el sabor casero de los frijoles puede resumirse en tomillo y laurel. Pero la perfección de este plato y este sitio va más allá, a punta de práctica estas personas han perfeccionado hasta la iluminación que recibe el plato y el ambiente.
Caí noqueado de tanta comida, aunque también pudo ser la segunda cerveza; el caso es que dormí cuatro horas y me levante con el cerebro como una liebre. Eso debió ser combustible de alto octanaje para mi cerebro. Todo lo que leo se adhiere de mi mente como si tuviera velcro y la imagen mental de mi cabeza esta como si hubieran limpiado la pantalla o se hubieran pasado a alta definición.
El restaurante El envigadeño en el centro de Bogotá es uno de los secretos mejor guardados de la capital colombiana, digno de visitarse en compañía en más de una ocasión. Ademas, este sitio en New York podria cobrar el triple y seguiría manteniendose lleno permanentemente; no solo por la dificultad de preparar todos estos ingredientes, sino porque en estados unidos uno encuentra bandejas paisas con chicharron de paquete, salchicha frita en lugar de chirizo y hasta lentejas en lugar de frijoles. No hay que olvidar que New York tiene mas colombianos que muchas de las principales ciudades de Colombia.
Por salud y economia sugiero al restaurante El Envigadeño modemoderadamente. Pero nunca sacarlo de la lista de posibilidades; en especial para llevar turistas, lo recordarán. En serio, esta es la mejor bandeja paisa que he comido… y he comido muchas.
Por salud y economia sugiero al restaurante El Envigadeño modemoderadamente. Pero nunca sacarlo de la lista de posibilidades; en especial para llevar turistas, lo recordarán. En serio, esta es la mejor bandeja paisa que he comido… y he comido muchas.